El mejor regalo para un hijo

Una idea que no es mía 

Por Marta Ortiz Ginestal

Hace no mucho escuché, o más bien leí, una bonita iniciativa para regalar a un hijo, una de esas que marcarías con una cruz en el catálogo de los Reyes Magos. Consistía en crearle una cuenta de correo electrónico a la que se le irían enviando mails poco a poco, a lo largo de su infancia y adolescencia. El contenido del correo dependería de lo que cada uno quisiera escribirle: tal vez que hoy el pequeño había dado sus primeros pasos; que tras la angustia de la decisión, finalmente le habían cogido en el cole que deseaban los papás; que había empezado a leer solito sus primeros cuentos o que aquella tarde habían cocinado juntos un bizcocho. Y así, hasta que un día, tal vez en un 15º o 18º cumpleaños, los papás le regalarían al hijo la contraseña de la cuenta de correo, con una bandeja de entrada repleta de tesoros que, seguramente, a más de uno nos habría encantado leer.

Y todo esto me viene a la mente hoy, precisamente, que Supernova me ha enseñado que ha aprendido a enfadarse. A hacer un gesto muy característico, con el que expresa su desaprobación ante algo. Y me gustaría poder contárselo algún día, decirle que hoy, Puente de Mayo, noche de derbi madrileño, a mamá le encantaría detener el tiempo, y dejarle escrito que está creciendo demasiado deprisa. Y aquí estoy, debatiéndome entre escribir otra entrada en el blog, o abrirle una nueva cuenta de correo.

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