Madres de día: una alternativa a la escuela en el Ensanche de Vallecas

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Las madres de día son educadoras profesionales que adaptan sus hogares para acoger a un máximo de 4 niños

Pequeño Ensanche para Madres de día del Ensanche de Vallecas
En algunos parques del Ensanche de Vallecas se pueden ver un montón de mariposas. Y de escarabajos. Y también, sin demasiado esfuerzo, infinidad de liebres. Lo saben bien los peques que acuden a la casita de Raquel, una de las dos madres de día del Ensanche de Vallecas. Los tres niños y niñas que acuden diariamente a su nido, a su casita, pasan horas al aire libre, jugando, saltando, brincando. Y también, descubriendo. Descubriendo el mundo que les rodea, y la pequeña fauna que se esconde a los pies de nuestros parques.

Las madres de día son una alternativa a las escuelas infantiles para aquellas familias que, mientras trabajan, tienen que buscar una persona o lugar donde dejar a sus peques. Existen desde hace décadas, pero es ahora, desde 2015, cuando se ha regularizado legalmente su figura en la Comunidad de Madrid. Son, por tanto, personas con formación en el ámbito de la educación (educadoras infantiles, maestras, psicopedagogas o psicólogas) que abren las puertas de su casa para habilitar un espacio y acoger, en un horario determinado, a un máximo de 4 niños y niñas, 3 en el caso de que alguno de ellos sea menor de 12 meses.

Mucho más que un hogar

Pero los hogares de las madres de día no son una escuela infantil, ni una ludoteca, ni tampoco son la casa de una cuidadora. Llevan adheridos una filosofía de crianza donde el protagonista es el niño, y no los hitos a cumplir; donde se da prioridad a sus necesidades individuales, al ritmo de aprendizaje y de madurez de cada peque. Así que, cuando Pequeño Ensanche ha entrado a los hogares de las madres de día del Ensanche de Vallecas, hemos tenido la sensación de que todo ocurre más despacio, de que estos hogares son ajenos a la vorágine del día a día en el que nos vemos inmersos los mayores, y a veces, también los pequeños.

“Nuestro hijo se ponía enfermo con mucha asiduidad”, cuenta a Pequeño Ensanche Laura, mamá de Hugo. “Nuestra pediatra nos recomendó, cuando tenía 18 meses, que no le lleváramos a una escuela infantil. Así que por eso, y porque buscábamos un ambiente más familiar e individualizado, elegimos una madre de día en el Ensanche de Vallecas”, relata. “Si tuviera que recomendar esta opción, me centraría en el aprendizaje que adquieren los peques. Van a comprar, van al parque, recogen los platos, los juguetes. Mi hijo ha adquirido muchísima autonomía. Y además, creo que es muy enriquecedor para ellos estar con peques de diferentes edades”, afirma Laura con contundencia.

Aquí los peques, de entre 0 y hasta 6 años, duermen cuando lo necesitan, descansan cuando lo precisan y comen al ritmo que marca su desarrollo personal. Natalia y Raquel, las dos madres de día del Ensanche de Vallecas, mamás y artífices de estos proyectos, cuentan que la clave de sus proyectos es la experimentación, el juego libre, los ritmos marcados por los propios niños.

“El motor del desarrollo de los niños no es, en ningún caso, las actividades dirigidas, ni las fichas rellenables, sino el juego libre autodirigido por el propio peque”, cuentan Natalia y Raquel, de 37 y 31 años respectivamente. Ambas educadoras disponen aquí y allá, en una y otra casita, materiales no estructurados con los que los pequeños descubren, imaginan y conforman sus propias historias: desde una cesta de conchas hasta un arcoíris Warldorf, pasando por unas piñas, hojas o papeles rasgados. Y las actividades al aire libre, fuera de casa, tienen un papel fundamental. Así que no importa que haya llovido o que haga un poco de frío: con un buen abrigo y unas botas de agua se puede salir a saltar en los charcos. Y los pequeños van a aprender mucho haciéndolo. Porque el componente vivencial es impresncindible en estos proyecto.

Autonomía personal

Otra parte fundamental que se trabaja en los hogares de las madres de día del Ensanche de Vallecas es la autonomía personal de los peques. Todo está adaptado y pensado para que el pequeño pueda adquirir poco a poco las capacidades para hacer por sí mismo las cosas: desde camas bajas a ras del suelo de las que puedan subir y bajar sin ayuda hasta lavabos dispuestos a la altura adecuada o escalones aquí y allá que faciliten que, en un momento dado, puedan llegar por sí mismos a donde quieran, siempre conforme a un ambiente seguro que es vigilado con intensidad por la Inspección Educativa.

La participación de las familias, clave

De nada sirven todas estas premisas si, después, en casa, los peques siguen una metodología educativa totalmente diferente. Pero lo cierto es que no suele ocurrir. “Quien elige como opción para su hijo o hija una madre de día –nos cuenta Raquel— suele compartir este tipo de crianza”. Por eso ambas ofrecen tutorías individualizadas a las familias y formación que ofrece la Red de Madres de Día y en la que las familias pueden participar: crianza respetuosa, BLW, primeros auxilios en infancia, gestión de rabietas, educación sin castigos ni premios…).

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Raquel y Natalia, madres de día del Ensanche de Vallecas

Lo que no se puede contar

Pero hay algo que es difícil de mostrar con imágenes, de narrar con palabras. Y es el vínculo que se genera entre los peques que acuden a cada casa, esos 3 o 4 niños que conviven juntos durante 1, 2 o 3 años, y que por su diferencia de edad aprenden a convivir, a respetarse, a comprender las necesidades que pueden tener niños de otra edad diferente, como aún hoy ocurre en las escuelas rurales, donde mayores y pequeños se ayudan y se enseñan.

“Estos niños se convierten en hermanos de día, establecen un vínculo muy, muy especial”, nos cuentan Natalia y Raquel. “Y para nosotros se convierten en auténticos hijos de día”, cuentan con emoción sincera. Y es entonces cuando percibimos que, verdaderamente, sus proyectos encandilan, seducen, ponen al niño en el centro alrededor de lo cual gira todo lo demás. Y nos dan ganas de quedarnos. Muchas.

Datos prácticos


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