11 cuentos para no parar de contar este verano

11 cuentos para no parar de contar este verano_Pequeño Ensanche

11 cuentos para no parar de contar este verano. Pequeño Ensanche. 

Maestra en Educación Infantil, estudiante de Psicología y profesora de una escuela infantil del  Ensanche de Vallecas, Ana Torres se declara apasionada incondicional de los álbumes ilustrados. De los cuentos. De los que enamoran a los más pequeños y encandilan a los más grandes. De los que te hacen soñar desde la más tierna infancia, los que te enseñan el camino hasta la estantería mucho antes de que hayas aprendido a articular palabra. Le hemos pedido que nos cuente 11 cuentos para no parar de contar este verano. 11 cuentos que te invitan a tomarlos entre tus manos, para descubrir, con asombro, que a pesar de haberlos visto, leído o escuchado probablemente un millón de veces, aún guardan dentro de sí un pedacito de misterio para dejarte prendado.

Los cuentos imprescindibles que no deben faltar en ninguna biblioteca infantil

Ana Torres

Por Ana Torres Rojo
Maestra de Educación Infantil 

Llevo más de siete años dedicada a los más pequeños en cuerpo y alma, intentando transmitir todo mi amor y mi cariño, intentando que cada día la clase sea una pequeña extensión de su propio hogar. Desde que empecé a estudiar me llamó la atención el maravilloso mundo de los cuentos ilustrados, vi que había mucho más allá de los clásicos de toda la vida; descubrí preciosas editoriales que enamoran. Por la delicadeza de sus imágenes y la belleza de sus historias, que nos abren un nuevo mundo lleno de experiencias y sensaciones tanto a los niños como a los adultos.

Desde entonces tengo mi propio proyecto en casa, crear una pequeña colección que me sirva tanto para mi labor educativa como para mi propio crecimiento personal, por ello hoy voy a hacer un recopilatorio de los que, en mi opinión, pueden ser los cuentos imprescindibles que no deben faltar en ninguna biblioteca infantil. Y menos aun en verano, época en que los papás y mamás  pueden disfrutar de los más pequeños, inventando, imaginando, leyendo juntos. La lectura es fundamental por muchas razones, pero una de ellas es que crea un verdadero lazo de unión entre padres e hijos.

Así que ahí va una pequeña selección, unos trazos de emociones y aventuras, 11 cuentos para no parar de contar este verano:

Un libro

  • Un libro, de la editorial Kókinos. Unas páginas sencillas que gustan a niños desde los dos años hasta los más mayores, donde ellos interactúan constantemente pulsando, moviendo el libro, soplando o dando palmas. Un juego constante donde además aprenden los colores básicos y ciertas nociones de lateralidad.A qué sabe la luna
  • ¿A qué sabe la luna?, de la editorial Kalandraka, enamora a niños y adultos. A través de unas ilustraciones sencillas pero muy cuidadas cuenta cómo unos animales quieren alcanzar la luna. Lo mejor, sin duda, es el pez. No puedo contar más, tenéis que descubrirlo. Incluye además un detalle delicioso, un póster medidor con todos los animales para poder colgar en la habitación.Sin título-1
  • Luna, de la colección De la cuna a la Luna. Kalandraka reserva para los más pequeños de la casa (desde cero años) también una ración de luna. Música y estribillo que se repite, y mucha, mucha imaginación, para iniciar a la lectoescritura más primitiva a los bebés. (Supernova adora este cuento, no para de bailarlo. Si descubre el lomo del libro entre un centenar de cuentos, sin duda, lo escogerá).La pequeña oruga glotona
  • La pequeña oruga glotona, de Kókinos. Un clásico que no debe faltar en casa de los más pequeños. Unas preciosas imágenes y un texto sencillo que cuenta la historia de una oruga que va comiendo hasta convertirse en una mariposa. Una historia llena de colores que tiene mucho que enseñar.Una familia salvaje
  • Una familia salvaje, de Los libros del zorro rojo. Mi último descubrimiento, una historia donde una niña va presentado a todos los miembros de su familia a través de diferentes animales. Con unos trazos perfectos y cuidados, es ideal para conocer y fomentar los lazos familiares.Monstruo Rosa.jpg
  • Monstruo Rosa, de la editorial Apila, es ideal para adentrarse en el mundo de las emociones de los más pequeños, ya que cuenta la historia de un monstruo diferente y sus aventuras y desventuras. Con estas páginas adultos y niños podemos hablar de diferencias y sentimientos gracias a sus divertidas imágenes.Adivina cuanto te quiero
  • Adivina cuánto te quiero, de la editorial Kókinos. Uno de mis favoritos, un verdadero clásico que gusta a los más pequeños pero que emociona a los papás con su clásico “Yo te quiero de aquí a la luna… y vuelta”. La frase más bonita para decirle (y escucharle) a tu hijo. Lo hay también en versión cartoné, para bebés.La cebra Camila
  • La cebra Camila, de Kalandraka.  Un cuento muy bonito que puede empezar a leerse a niños a partir de os 3 o 4 años y gusta mucho gracias a una pequeña rima que se repite durante toda la historia. Camila es una cebra que va perdiendo sus rayas, pero en su aventura va encontrando a diferentes animales que le hacen unas preciosas rayas a través de rimas.Cómo encender un dragón apagado
  • Cómo encender un dragón apagado, de Los libros del zorro rojo. Preciosas y divertidas ilustraciones para seguir ahondando en el mundo de las emociones. Un dragón no consigue arrojar fuego por mucho que se esfuerce su amigo, hasta que los bonitos recuerdos y el amor hacen su magia…cuentos-para-educar-ninos-felices-sm-00-una-mama-novata
  • No quisiera desaprovechar esta oportunidad para hablaros de la gran Begoña Ibarrola y sus Cuentos para educar niños felices o sus Cuentos para sentir, de la editorial SM.  Unos libros para ayudar a los padres a entender las emociones y así poder ayudar a sus hijos a expresarlas. Páginas donde se proponen cuentos para, por ejemplo, desarrollar la autoestima, impulsar la autonomía o la confianza en uno mismo. Además los papás pueden encontrar actividades para seguir trabajando con sus hijos.Wonderbly
  • Y el bonus track. No hay nada que emocione más a un niño que saberse protagonista de una historia. Y si esa historia está plasmada en unas páginas, la emoción probablemente se multiplique. En Wonderbly está escrita la historia del niño o niña que perdió su nombre, que no es otro que el nombre de vuestro peque. Lo personalizan y crean una historia a partir de las letras que conforman el nombre elegido. El resultado es un cuento único, precioso e irrepetible. Un capricho para guardar en nuestros (primeros) estantes.

Si te ha gustado, ¡síguenos en Facebook!

https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FPequenoEnsancheDeVallecas%2Fposts%2F269961940153032&width=500

Los límites en la infancia: qué son y por qué son importantes

¿Hay que poner límites a nuestros hijos?
¿Hasta dónde deben llegar?

Elena Rodríguez Fernández, Maestra de Educación Especial y Psicopedagoga

 

Por Elena Rodríguez Fernández 

Maestra de Educación Especial y Psicopedagoga

Estas son preguntas que se hacen muchas familias a diario. Hablar de límites es difícil, como difícil es llegar a un consenso en este aspecto. Los límites que marcan los padres otorgan a los hijos sentimientos de seguridad y protección y nos ayudan a regular de forma externa aquellos aspectos de la conducta que aún no saben controlar internamente. Es importante tener claro que los límites no deben ser un impedimento para que una niña o niño desarrolle su personalidad, para que sea él mismo. Más bien al contrario. Son, simplemente, un punto de partida desde el que comenzar a construir todo lo demás.

Si quisiéramos hacer una analogía sencilla, podríamos comparar los límites con la estructura de un edificio. Con ellos, entre otras muchas otras cosas, se construye la estabilidad de los pequeños, se les da unos cimientos seguros para crecer, junto con el cariño y el acompañamiento de los padres. Por tanto, el establecimiento de normas y límites en el contexto familiar supone uno de los factores de protección más significativos a la hora de reducir la probabilidad de aparición de conductas de riesgo.
Antes de establecer unos límites y normas, es fundamental que haya:

  • Acuerdo entre las partes. Es importante que las personas que sean un referente para el niño (las que pasen más tiempo con él) compartan la misma opinión en lo que a límites se refiere. Tiene que haber un consenso para que el niño tenga claro en todo momento lo puede o no puede hacer.
  • Realidad. Las normas han de ajustarse a la realidad del niño. De nada sirve establecer una norma si el pequeño no va a poder cumplirla porque sencillamente, no esté adaptada a su edad.
  • Claridad. Las normas han de ser comprensibles, los hijos deben saber exactamente qué es lo que se espera de ellos y tienen que poder comprenderlas.
    Por ejemplo, si tenemos que corregir varios aspectos, comenzaremos por establecer algunas normas de oro, que dejaremos claras a nuestros hijos y que bajo ningún concepto pueden no cumplirse; por ejemplo: no agredir. Es el límite más claro, y el más importante de seguir.
  • Consistencia. La aplicación de las normas debe ser siempre igual de consistente, independientemente de factores externos, como por ejemplo el cansancio. No es permisible que durante el fin de seamos seamos absolutamente estrictos con ciertos límites y cualquier otro día, porque estemos cansados,  decidamos permitir lo que otras veces no hacemos o gritar a nuestros hijos.
  • Constancia. Es indispensable ser constantes en el tiempo. Si no, el esfuerzo será en vano.
  • Paciencia. Es la regla de oro. Ser pacientes. Confiar en que estamos haciendo lo correcto si lo estamos haciendo convencidos. Habrá días fáciles y días más difíciles, y muchos en los que, quizás, queramos tirar la toalla. En esos momentos, lo mejor es tomar distancia unos instantes, contar internamente hasta diez, y pensar un par de veces lo que vamos a decir y cómo lo vamos a decir.

 Pero no olvides…

  • Encontrar el equilibrio. No podemos permitirlo todo, pero tampoco poner demasiados límites. Tenemos que tratar de encontrar un punto intermedio.
  • Establecer los límites desde un punto de vista positivo, y también tener cuidado con el ‘no’.  Tendemos a utilizarlo mucho porque en los adultos sale de manera instintiva, pero tiende tiende a frustrar más a los pequeños. En su lugar, podemos plantear alternativas. Por ejemplo: en vez de decir “no juegues con el balón dentro de casa” podemos plantear: “¿qué te parece si salimos a jugar con el balón al parque?”. La consecuencia será parecida (o mucho mejor), pero en vez de dar al pequeño una orden que podrá (o no) seguir, le estaremos planteando una alternativa a aquella acción que resulta conflictiva. 
  • Es importante que el niño o niña comprenda el límite, lo interiorice, entienda la razón por la que es importante, y no relegar su cumplimiento a la mera presencia del adulto.
  • Dosifica los límites poco a poco, establece prioridades. No podemos pasar de no tener apenas normas a tenerlas todas. Los niños a estas edades tan tempranas tienen que ir asimilando poco a poco porque precisamente lo que pretendemos es que interiorice el contenido. En cada caso, estableceremos unas prioridades en función de las necesidades que nos plantee cada niño.

¿Cómo establecemos las normas en los primeros años?

Principalmente, la clave está en establecer límites relacionados con las rutinas y hábitos, es decir, aquellos que se relacionan con comportamientos relativos a la comida, el sueño o la higiene. Aunque quizás no entienden todo lo que decimos, sí entienden cómo lo decimos: las entonaciones y la comunicación no verbal (nuestros gestos) son importantísimos.

¿Y cómo actuamos ante una situación de oposición?

En ocasiones, los pequeños pueden oponerse a las normas mediante insultos, malas contestaciones, rabietas, pataletas, gritos… Llegados a este punto (que llega más pronto que tarde), es relevante tener en cuenta varios aspectos:

  • No debemos nunca responder de la misma manera, nunca con insultos, gritos o malas contestaciones. 
  • Hay que expresar tranquilidad y reflejar la situación. Si un niño observa que el adulto pierde los nervios, seguramente ello le genere aún más intranquilidad.
  • Es importante manifestar nuestro desacuerdo e indicarle cuál debería ser su conducta, así como hacerle saber cuáles serán las consecuencias. Por ejemplo, que “si pegas a tus amigos nos tendremos que ir a casa”.  Debe saber que el límite establecido tiene una razón de ser y un porqué.  
  • Pero sobre todo, hay que darle tiempo de reflexión y ejecución de la norma. No podemos esperar que respeten los límites a la primera. Así que, de nuevo, la clave de todo está en ser consistentes y tener paciencia. Mucha paciencia.